Foto: Ioan Sameli
Según publica esta semana James Bessen en  Harvard Business Review, hay evidencias de que los “Trolls de Patentes” están perjudicando claramente la innovación. 

Pero ¿qué son los “Trolls de Patentes”? Wikipedia los define como “una empresa que impone sus patentes contra uno o más supuestos infractores de una forma considerada excesivamente agresiva u oportunista, a menudo sin la intención de fabricar o comercializar el producto objeto de la patente. Una expresión relacionada, menos peyorativa es entidad no practicante (ENP), que describe a un dueño de patente que no fabrica ni utiliza el invento patentado” También, Nuria Marcos, Directora General de PONS Patentes y Marcas Internacional nos ofrece la siguiente definición “Los trolls de patentes son empresas estadounidenses que adquieren patentes de software a compañías que atraviesen momentos de debilidad financiera, no con la finalidad de explotar esas tecnologías directamente, si no con la intención de obligar a terceras empresas fabricantes que supuestamente estén utilizando esas patentes a adquirir una licencia sobre ellas, llegando incluso a la vía judicial si no obtienen la respuesta esperada”. Marcos añade que “en Estados Unidos dado el alto coste de los procesos judiciales y que como regla general cada una de las partes en un procedimiento debe asumir el pago de sus costas, muchas empresas prefieren pagar los royalties que exigen los “troll” de patentes por una supuesta licencia, que acudir a un pleito en el que tengan que defenderse asumiendo unos gastos altísimos y un resultado incierto.”

En Estados Unidos existe un debate acerca de la necesidad de reformar el sistema de patentes debido a los efectos negativos que estos “Trolls de Patentes” están causando en el sistema de innovación. No todas las voces defienden la misma postura, de hecho HBR en su artículo hace referencia a un artículo de Ross Levine en WSJ donde defendía la falta de evidencias de que esta actividad esté de hecho perjudicando la innovación. Sin embargo, recientes estudios e investigaciones muestran este efecto pernicioso que los “Trolls de Patentes” causan en el sistema. De esta manera según los datos que ofrece HBR en su artículo los costes que los “Trolls de Patentes” causan anualmente a otras empresas estarían en 29.000 millones de dólares en gastos directos, más destrucción de 60.000 millones de dólares en generación de riqueza. Se da una paradoja, cuanto más invierte una empresa en I+D, más posibilidades tiene de ser demandada por una de estas empresas alegando una infracción de sus patentes. 

Según HBR, investigadores del MIT, por ejemplo, han encontrado evidencias de que compañías que trabajan en el procesado de imágenes médicas y que han sido demandadas por “Trolls de Patentes” han reducido sus ingresos significativamente en comparación con otras empresas de su competencia que no han sufrido estas demandas. Además, una encuesta en empresas de software ha mostrado que el 41% de las mismas informa de impactos operativos significativos  de los juicios de infracción de patentes. 

HBR cita recientes investigaciones que confirman estos datos. Catherine Tucker del MIT estima que  las demandas de estas empresas han producido un descenso de 22.000 millones de dólares en inversiones en capital riesgo en los últimos cinco años. Roger Smeets de Rutgers ha constatado como las inversiones en I+D de las empresas denunciadas han caído cerca de un 19% de media después de la denuncia. Por último, investigadores de la Universidad de Texas han encontrado también evidencia de descensos de hasta el 48% en los gastos de I+D de las empresas denunciadas.

Según la revista Fortune en su artículo "RPXTaking on the patent Trolls" , AT&T fue la compañía que más demandas sufrió por parte de los “Trolls de patentes” en 2013 con un total de 54 veces en este último año. Le siguen Verizon, Apple, Samsung, Amazon, Dell, Sony, Huawei y Blackberry.

Está claro que las patentes son un gran instrumento para proteger los resultados de investigación y el derecho de las empresas a rentabilizar sus inversiones, pero la pregunta que lanzo es cómo se conjuga este derecho con el desarrollo de la innovación y la economía y se limitan excesos como los que se citan en el artículo.