El liderazgo ha sido siempre una cuestión de debate en el ámbito empresarial. Solemos traer ejemplos del ámbito del deporte, de grandes empresas o corporaciones y de líderes visionarios que han transformado países, organizaciones o incluso mercados. Pero el liderazgo no es solo una cuestión de glamour y de grandes titulares, más bien el buen liderazgo es un derecho que tiene cualquier persona dentro de la organización; puedo exigir ser bien liderado. Si parto de esta premisa, la pregunta siguiente es ¿qué es un buen líder? Trataré de dar unas pistas de lo que yo entiendo por un buen liderazgo dentro del contexto actual.

En primer lugar, quiero empezar recordando las teorías del liderazgo de Blake y Mouton, quienes a través de su conocida rejilla o malla gerencial presentaban el liderazgo como la combinación de dos variables, el interés por las personas o el interés por la tarea o la producción, es decir, podía haber líderes más orientados a los empleados mientras otros basculaban hacia la eficiencia de las tareas de la organización. Estas teorías dibujaban distintos estilos de liderazgo en el que parecía que el más deseable podía ser el de aquellos líderes que se orientaban altamente a la producción teniendo en cuenta a la vez una alta orientación al empleado.

Pero ¿qué ocurre en la actualidad? ¿Es suficiente contar con líderes orientados a la tarea y al empleado o es necesario introducir alguna otra variable en este puzle? Para contestar a la siguiente pregunta quiero simplemente recordar lo que ha ocurrido recientemente en empresas y organizaciones de todo tipo, sufriendo un desafío de mercado brutal con presiones en precios, eficiencia, tiempos de entrega, aumento de la competencia, internacionalización, …todo ello ha llevado a descolocar incluso a los deseados líderes que eran capaces de mantener esa doble orientación al empleado y a la producción, ya que ese mayor desafío de mercado se ha querido asumir solamente con la capacidad de ejecución y de eficiencia de las organizaciones impactando negativamente en la capacidad de orientación a las personas de la organización. Por eso hemos visto gran cantidad de líderes de todo tipo de organizaciones que se han convertido en especialistas en achicar agua y esa es ahora su principal competencia en el nuevo entorno, tratar de mantener a flote a la organización, eso sí, no se sabe muy bien con qué rumbo. ¿Qué características tiene un liderazgo achica-agua? Voy  a tratarlo de resumir en los siguientes puntos:

  • Actúa a corto plazo con el único objetivo de que la organización no se hunda.
  • Alienta a las personas a más y más esfuerzos y sacrificios con la excusa del mercado.
  •  Trata de que las personas de la organización valoren la supervivencia como única recompensa.
  • Gestiona bajo el paradigma de que no es posible hacer otra cosa, todo está muy mal, todos estamos mal, valora lo que tienes.
  • Exige más y más a quien aporta en la organización, exprimiendo a las personas capaces con el único fin de seguir a flote.

·    Estas situaciones no son sostenibles a medio plazo ya que genera un burn-out brutal en la organización, convirtiéndose en organizaciones zombies, muertos vivientes organizacionales. Si estás en una organización con un liderazgo achica-agua, sé consciente de que por mucha agua que achiques no consigues nada más que mantenerte a flote, la pregunta es ¿Por cuánto tiempo? Te doy la respuesta, solo por el tiempo en el que los que reman no queden extenuados y suelten agotados el remo.

Si esto es así, qué tipo de liderazgo se necesita en la actualidad. Bueno, en mi opinión hemos de introducir una tercera variable, y aquí me permito citar a Dyer, Gregersen y Chritensen, autores del El ADN del Innovador, quienes introducen el concepto de la matriz de descubrimiento-ejecución para establecer las distintas tipologías de liderazgo en la actualidad. Esta habilidad de descubrimiento está orientada a la observación de la realidad, a la detección prematura de los cambios en el entorno, a motivar a los empleados al cambio y a la transformación, a la innovación continua en las organizaciones, a la eliminación de los paradigmas y creencias limitantes de los que no asumen la nueva realidad, a generar motivación por una nueva realidad y no solo por la supervivencia, a preguntar a todo el mundo, a la humildad como base para el aprendizaje, a la visión global, a la asociación de ideas de entornos diversos, a la generación de nuevas formas de valor, a orientarse al cliente y detectar formas en las que podemos ofrecerle valor, a gestionar transformaciones, a cambiar estructuras, en fin, ser un facilitador de la transformación de la organización.


Por tanto, si la pregunta es qué cualidades tiene que tener un líder en la actualidad, mi respuesta es que la de crear equipos en los que se conjugue una altísima capacidad de ejecución, una orientación a la sostenibilidad del trabajo, la motivación y el desarrollo de las personas de la organización y una capacidad de descubrimiento y orientación al cambio brutal. Mi opinión es que no podemos ostentar liderazgos en la actualidad basados en líderes ejecutores, para mí el líder actual es una persona que sabe conjugar los liderazgos compartidos, con gran capacidad para motivar a las personas, ser capaz de anticiparse a los cambios y que sabe elegir bien a sus equipos de ejecución para mantener la eficiencia de la organización.