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Hoy en día todas las organizaciones desean incorporar una competencia a su ADN, y esa competencia no es otra que la innovación. Innovar se ha convertido en el concepto que se repite como un mantra en nuestra sociedad y al que se le atribuyen efectos mágicos en la vida de los individuos y el desarrollo de las organizaciones.

Sin embargo, ¿saben realmente las organizaciones qué es la innovación? Y es más ¿saben estas qué elementos hay que potenciar en la organización para que la innovación se incorpore a su ADN? Tratando de responder a estas preguntas, hemos de reconocer que la innovación se ha vinculado en gran medida a lo tecnológico y en cambio hemos dejado de lado el factor humano, las competencias, las actitudes y aptitudes de las personas que conforman la organización como factor crítico para que la innovación fluya en las organizaciones.

Nuestra visión de la innovación en las organizaciones se asienta en las personas y en las capacidades organizativas. De ahí que nos guste definir la innovación como “aquello que la organización quiere aprender para ser más competitiva y cumplir su propósito”. En este sentido, la organización se enfrenta a dos grandes retos; por una parte darse cuenta de las carencias que tiene la organización (insight) y por la otra decidir que necesita aprender en un determinado sentido (brecha de aprendizaje). Cada una de estas brechas de aprendizaje organizativo supone un proyecto de innovación dentro de las organizaciones.

Ahora bien, la innovación no es un concepto absoluto (innovamos o no innovamos) sino que se trata de un concepto gradual. De hecho hablamos de cuatro niveles (escalera de la innovación) a través de los cuales la organización transita; el primero es la mejora, es decir, seguimos haciendo lo mismo pero de una manera más eficiente, este es un primer paso pero no se trata realmente de innovación; el segundo escalón lo constituye el cambio, ya que en este paso la organización no solo mejora sino que modifica sustancialmente las forma de hacer las cosas, teniendo que trabajar con sus propias creencias y juicios; el tercer nivel es el de transformación en el cual la organización a través de la innovación modifica sustancialmente qué hace, como lo hace y para quién lo hace; el cuarto nivel supone el impacto y es ese tipo de innovación que tiene una repercusión en el entorno económico y social de la organización.

La innovación en las organizaciones supone responsabilidad y elección entre distintas alternativas. La primera responsabilidad que asume la organización al innovar es decidir cuáles son sus objetivos y de aquí se derivan nuestros proyectos de innovación para conseguirlos. Lo anterior tiene mucho que ver con una actitud proactiva o reactiva de la organización hacia el cambio, es decir, si vemos la innovación como una respuesta a cosas que ocurren en el entorno, o más bien la innovación es la actuación de la organización de forma responsable y voluntaria en la persecución de sus objetivos. En todo este planteamiento, nos enfrentamos al dilema de lo que la organización debe aprender (reactiva) o quiere aprender (proactiva).

Está claro que la innovación se consigue a través del aprendizaje, pero también hay otros dos elementos que son críticos para que la innovación se asiente en la organización. El primero es la capacidad de desaprender, es decir, de olvidar viejos paradigmas y creencias que no nos permiten asumir responsabilidad. Por otro lado está el aprender a aprender, lo que implica el desarrollo de una competencia clave en la organización que nos permite entrar en el círculo positivo de la innovación. Aprender a aprender significa ser capaz de detectar lo que no sé, determinar si eso supone para la organización algo que quiere o desea aprender y por último ser capaz de poner en marcha planes de aprendizaje (innovación) dentro de la organización.

Pensemos entonces en la importancia que toma el lenguaje y la comunicación en las organizaciones a la hora de propiciar la innovación. No puede haber innovación sin una declaración de la organización, la de “No sé”. Si la organización no asume su ignorancia es imposible que la innovación pueda fluir en la misma.

Espero tus comentarios y poder enriquecer esta visión con el debate.