Créditos Foto
Ya hace algún tiempo publiqué un post titulado “definiendo la innovación” y como no podía ser de otra manera, o sí, hablé del Manual de Oslo y la definición que este aporta sobre la innovación, a saber: “la innovación es el desarrollo de un producto nuevo o sensiblemente mejorado (bien o servicio), o proceso, o un nuevo método de marketing, o un nuevo método organizativo en las prácticas de negocio, la organización del trabajo o relaciones externas”.
Como podéis observar, si un concepto tan complejo y poliédrico como el de la innovación termina reduciéndose a la sentencia anterior ¿no nos estamos perdiendo algún que otro matiz a la hora de definir la innovación y por ende las organizaciones innovadoras? Yo creo que sí, y por eso os invito a DESAPRENDER todos los conceptos que limiten la capacidad de pensar de una manera diferente.
Cuando organizamos  nuestra mente en categorías (producto, proceso, marketing y organización) estamos “pensando dentro de la caja” (thinking inside the box) y perdemos gran parte de los matices que nos trae la innovación real, las soluciones imaginativas a los problemas reales de las personas y de las organizaciones. La solución es pensar “fuera de la caja” (thinking outside the box)y para ello es necesario DESAPRENDER  todos los conceptos y factores que no nos permitan hacer este ejercicio.
Ahora bien, desaprender no significa olvidar, sino ir más allá, superar los conceptos que limitan nuestro pensamiento y crear nuevas estructuras que posibiliten una visión más amplia. Por lo tanto, para desaprender primero hay que haber aprendido, ya que incluso los factores limitantes que superamos pueden aportar a nuestra evolución.
Yo estoy en este proceso de desaprender y quiero compartir con vosotros los nuevos esquemas que construyo sobre la innovación y que me permiten entenderla mejor. Me atrevo a definir la innovación (empresarial) como aquello que la organización quiere aprender con el fin de alcanzar su visión, así de simple y así de arriesgado.
¿Qué significan esta definición? Lo primero que podemos comentar es que la innovación es aprendizaje organizacional (ver post Cambio, aprendizaje y transformación de la organización), es decir, la capacidad de la organización de aprender para incorporar nuevo conocimiento, competencias o habilidades que le permitan avanzar hacia su visión como organización.
En segundo lugar, la organización quiere aprender, no solo debe aprender. Aquí creo importante hacer una distinción entre el “tener que innovar” y el “querer innovar”, es decir el incorporar la innovación al ADN de la organización como forma de aprendizaje continuo (aprender a aprender). En el primer caso la innovación es reactiva y en la mayoría de los casos lo que consigue es neutralizar amenazas, mientras que en el segundo caso es proactiva y lo que consigue es potenciar fortalezas y por tanto diferenciarse.
En tercer lugar, quiero llamar la atención sobre el hecho de que no hemos nombrado la palabra competitividad, sino la visión de la organización. ¿Es esto relevante? Pues sí, ya que no solo es importante navegar bien sino saber a qué puerto queremos llegar. Hay muchas organizaciones que su puerto es la competitividad en sí misma, pero sin una visión compartida puede pasar que en cuanto no se vea tierra se abandone el viaje.
En mi proceso de desaprendizaje del Manual de Oslo también he llegado a la conclusión de que me encuentro cómodo distinguiendo cuatro niveles de innovación: el de adaptación y mejora, el de cambio, el de transformación y el de impacto en el entorno, los cuales comparto con vosotros  y vienen explicados en el cuadro siguiente (Los cuatro niveles de la innovación)
Los cuatro niveles de la innovación. Fuente: Elaboración propia
Os invito a hacer llegar vuestros comentarios, ideas, visiones y opiniones al blog. Espero que desaprendáis mucho y que cada cual construya su propia visión de la innovación, la que no solo os haga ser más competitivos sino pensar fuera de la caja.