Hoy abrimos un nuevo formato en el blog, el “post invitado”. En este caso, os traigo un post de opinión de Tomás Rosich, espero que os guste y que suscite el debate y el intercambio de ideas.

En estos tiempos tan revueltos por una crisis económica a escala mundial, que ha llevado a muchas sociedades a cuestionarse sus propios principios, ha aparecido como un bálsamo la palabra “innovación” como si fuese el remedio milagroso a nuestra actual situación. Sin embargo, la “innovación” es algo permanente en la memoria genética del ser humano, ya que desde que este hizo la primera herramienta para facilitar un trabajo, ha transformado el medio en el que vive con el objetivo de mejorar su propia existencia, llegando a convertirse en la especie dominante sobre el planeta. Y lo ha hecho porque subsisten en él una serie de cualidades que lo han hecho diferente al resto de especies en el planeta.

A mi modo de ver, una de las cualidades más importantes que han hecho al ser humano evolucionar, y por ende innovar, es su acusada curiosidad. La curiosidad, una cualidad natural que se encuentra en todas las especies, es la que facilita la exploración, la investigación y el aprendizaje. En el ser humano, la curiosidad es tan acusada que le ha llevado a dominar el medio, adaptarse a él y vencer los problemas del entorno. La curiosidad trajo el dominio del fuego, medio que le permitió mejorar la dieta de la especie, mejorando su calidad de vida y su inteligencia. Desde que el primer homínido se alzó sobre sus pies y caminó erguido, la curiosidad ha ido acompañada de innovación, fruto de sobreponerse a las dificultades que entrañaba su existencia en un medio a todas luces hostil. Y esa curiosidad es una de las cualidades que nuestra enseñanza debe de mantener para que se siga innovando y avanzando, puesto que la innovación, sin observación, investigación y aprendizaje, no existe.

Otra de las cualidades que se ha puesto también de moda en los últimos tiempos es la actitud conocida por proactividad. Una sociedad innovadora tiene que tener mentalidad proactiva, debe de anticiparse a las necesidades y buscar soluciones novedosas. Sin embargo, la especie humana es tendente al conservadurismo, y en muchas ocasiones confía en la solución actual sin atreverse a avanzar en una solución más novedosa, puesto que también somos una especie pragmática. Una sociedad innovadora debe ser una sociedad proactiva, abandonando la reactividad que gobierna la Tercera Ley de Newton de la Mecánica Clásica: el principio de acción y reacción.

Por último, y es otro término que ha aparecido en los últimos años como otro mantra a repetirse, es la inteligencia emocional. Una virtud totalmente humana, porque somos conscientes de nuestras emociones y su manejo nos permite motivarnos y mejorarnos cada día más. Sin embargo, en muchas ocasiones no olvidamos que también somos una especie predadora y que aunque somos seres sociales, tenemos una tendencia natural al individualismo y al corporativismo, fruto, precisamente, de esa tendencia al conservadurismo que presentamos. En muchas ocasiones pensamos más en el premio que en lo conseguido, nos preocupa más cargarnos de medallas que considerar la innovación como un compromiso de todos, y es la inteligencia emocional la que gobierna este tipo de sensaciones.

Una sociedad innovadora debe ser una sociedad dinámica, por lo tanto no se puede hacer con la voluntad de uno, por muy filantrópica que sea. Es la propia sociedad la que, como un equipo, debe plantearse la innovación como motor del desarrollo propio y de los demás. No debemos caer en el disfraz de hablar de sociedades innovadoras sino articulamos los principios básicos dentro de la propia sociedad, empezando por la Educación, que en España no deja de ser una pelota de ping-pong en manos de los políticos, que la usan para hacer su propia ley una vez llegan a tener responsabilidades de gobierno. Una Educación que debería ser de consenso, de todos y para todos, con la idea de fomentar no sólo los mejores y más preparados profesionales, sino que incluya, además la concepción de que el futuro de nuestra sociedad depende de todos y no solo de unos pocos, porque tenemos espacio en este planeta para todos y los logros y avances deben de ser disfrutados por todos.

Tomás Rosich