Hoy tengo el placer de presentaros en nuestro blog “Hazlo distinto” (Ed. Netbiblo) el libro de Santiago Sousa; un buen amigo, emprendedor e innovador. En hazlo distinto, Santiago aborda los cambios en actitudes y comportamientos que sientan las bases de una actitud positiva frente al cambio y a la innovación en las empresas. Nos presenta la innovación como algo cercano y accesible, como un elemento poderoso para dar brío e impulso a nuestros negocios, para hacer las cosas de forma distinta y ser más competitivos. (Descarga el capítulo de introducción)

Santiago; en Hazlo distinto nos hablas de emprendedores e innovación. ¿Nos podrías decir qué es para ti emprender e innovar?
Son dos caras de la misma moneda. Es el resultado de sumar agallas+cerebro. Emprender sin innovar es asegurar que el proyecto, tarde o temprano, fracasará. Innovar sin emprender no es posible. Innovar es, al igual que emprender, encontrarse cara a cara con la idea, para transformarla en realidad, siguiendo los dictados de la llamada a la acción. En este sentido, es muy difícil emprender con éxito si no innovas y haces cosas extraordinarias. La innovación es algo tan sencillo (y complejo a su vez) como introducir una novedad en un determinado contexto para obtener un beneficio (sea del tipo que sea) y eso es, en esencia, emprender.

¿Por qué es tan difícil emprender ahora en España y qué es lo que tiene que cambiar para que haya un clima favorable a los emprendedores en este país?
No cabe duda de que, en estos momentos, hay grandes dificultades añadidas a las que siempre han estado ahí. Tenemos una gran crisis de confianza, contracción de la demanda y mayores dificultades para lograr financiación externa. Pero eso es algo coyuntural. Los verdaderos problemas son de tipo estructural y llevan con nosotros muchos años: falta de cultura emprendedora, aversión al riesgo, dificultades y trabas administrativas. En España para poner en marcha una empresa hace falta más tiempo, más dinero y más trámites que en la media de países de la OCDE. Según los datos del Banco Mundial, ocupamos el puesto 49 de 183 (y descendiendo) de los países de la OCDE en facilidad para hacer negocios y, lo que es peor, el puesto 147 de 183 en facilidad para iniciar un negocio. Es demoledor. Además, mientras en muchos de los países de nuestro entorno, el emprendedor es visto como un tipo útil y valioso para la sociedad, al que hay que facilitar en lo posible su deseo de crear empleo y riqueza, en España es visto como un tipo sospechoso y, si me apuras, medio loco, al que se ponen zancadillas y trabas absurdas una y otra vez, un ciudadano con más obligaciones y menos protección que el resto. Así es y así hay que decirlo. Todo eso es lo que tiene que cambiar. Y ha de hacerse de forma decidida y contundente, con menos palabrería y marketing político-electoralista.

¿Qué le dirías a un estudiante universitario para animarle a ser emprendedor al terminar sus estudios?
Que no lo haga. Que espere. Es demasiado pronto. Que “haga la mili” trabajando para otros, adquiera experiencia, aprenda en la práctica (muy alejada de lo que se estudia en muchos manuales). Y, si no puede aguantar, si su espíritu emprendedor le lleva a lanzarse, que lo haga con cabeza, sabiendo que aprenderá a base de “tortazos”, que se equivocará muchas veces, que los planes no funcionan y que debe crear su negocio innovando desde el primer momento, haciendo las cosas de modo distinto.

Háblame del perfil ideal que tiene que tener una persona para ser un buen empresario.
No existe el perfil ideal. Lo que sí puedo decirte es que, tal y como nos enseñó Michael Gerber, en “El Mito del Emprendedor”, es bueno que estén compensadas esas tres personalidades que habitan en nosotros: la emprendedora, la directiva y la técnica. No basta con ser un creativo visionario. No basta con ser metódico y buen supervisor. No basta con controlar un oficio y ser un hacedor. Es necesario combinar algo de todo eso y, por supuesto, saber que su éxito poco tendrá que ver con la suerte. Que será fruto de la unión de la oportunidad, la motivación, la acción decidida y un considerable esfuerzo físico y mental. Por tanto, debe ser una persona dispuesta a trabajar duro, a resistir la incertidumbre y perseverar, a ser permeable a la innovación y, sobre todo, ser capaz de determinar su “visión” y perseguirla sin descanso, imponiendo su esencia como emprendedor a muchos de los condicionantes del entorno. El emprendedor no nace, el emprendedor se hace.

Muchas gracias Santiago. Ahora solo queda invitar a todos nuestros lectores a la presentación del libro el próximo día 21 de febrero a las 18,30 de la tarde en la Universidad Europea Miguel de Cervantes. (Si quieres asistir envía un correo con tu nombre, apellidos y número de teléfono  pincha aquí)